Mostrando entradas con la etiqueta Que hay de friki para leer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Que hay de friki para leer. Mostrar todas las entradas

sábado, 22 de agosto de 2009

Leer en caso de ataque zombie

Muchas fueron las veces que me pregunté ¿Qué tendría que hacer para sobrevivir a un ataque de zombies o zombis? Y seguramente muchos de ustedes también. No sería nada raro que un día se levante un fiambre y nos comience a morder a todos, por una enfermedad, algún ataque biológico, ¿castigo divino?. Sea como sea hay que estar informados y precavidos. Yo tenía un perro, ya sé que van a pensar que carajo me importa, pero ese perro no era normal. Tengo algunas sospechas de que era un perro zombi, más allá de que no tenía pulso en lo demás era bastante normal pero un día, se murió (antes de que no tuviera pulso claro). No voy a poner el nombre verdadero del perro… por la simple razón de que se me olvidó, pero llamémoslo “chewwbacca” Cuando chewwbacca murió organice un funeral, llamando a todos los perros del barrio, elfos del bosque, y los enanos de “los grosos”, uno de ellos trató de practicar la necrofilia con “chiwi” pero no viene al tema. Cerca de casa hay un cementerio “judio/indio” y lo enterré ahí para ver que pasaba, (como en la película ahaá) le di unos golpes con la pala para asegurarme que estaba muerto, unos cuantos más para sacarme toda duda y me fui a dormir, pasó un día, después varios más quizás paso un año o dos, pero no soy bueno para recordar; quizás nunca paso. Lo que importa es que “chiwi” volvió así como se fue, una mañana o quizás fue una noche.

-¿¡Chiwi!, so’ vo’? (que pelotudo tratando de hablar con el perro)

- Ahgrhgrrr agtrrgggghhh (Escupiendo un pedazo de pulmón)

- Es imposhiblleeee, es imposible!, no, no.

- Arhggg (chiwi buscando mi masa cerebral)

(él es chiwi)


Era evidente que chiwi no era el mismo, pero lo pude controlar a costa de los gatos de la vecina (las mascotas, no las hijas), sin duda estaba “medio muerto” con la mitad del cuerpo paralizado, y a veces lo encontraba junto a mi cama mirándome con ojos raros, como los ojos con los que guido suller mira un pedazo de miembro humano, El problema era como deshacerme de esa cosa en la que se convirtió mi perro, no se puedo matar algo que ya está muerto ¿o sí?. Lo envíe a china, en clase comercial, allá le encontrarían una solución al problema, haciéndolo sopa, o esas cosas raras que hacen. En cuestión sea lo que sea que hicieron funciono para mí, para ellos fue el inició de algún tipo de gripe o pandemia, qué raro todo. Para evitar todo este tipo de problemas en el futuro les traigo un libro que tengo hace poco tiempo, todavía no lo termine de leer, son prácticamente dos guías sobre qué hacer en caso de una epidemia de zombis, con ejemplos prácticos de que hacer y que no. Junto además les dejo el link para descargar El primero es: Léase en caso de brote zombie de Max Brooks. Contenido anti-zombie:
-Conducción en tiempo de zombies 1, 2, 3, 4 y 5.
-Protocolo de enfermedad Zombie.
-Recopilación de consejos. -Supervivencia zombie.
-Preparándose para un Apocalipsis Zombi.
-Kit de supervivencia según la organización ZERO.
-Guía de supervivencia zombie de Max Brooks.
Y el segundo es Sobreviviendo en un mundo zombi por R. D. G.

R.I.P

LIKNS




viernes, 21 de agosto de 2009

Qué hay de friki para leer.

Yo, robot (Isaac Asimov)
Las tres leyes de la robótica
  1. Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por su inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
  2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley.
  3. Un Robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no esté en conflicto con la primera o segunda ley.
Manual de robótica
Edición número 56, año 2058

Algunos pueden decir que existe una ley cero, pero no vamos a entrar en complicaciones. Después de una discusión para tratar de determinar cual era mejor Isaac Asimov o Julio Verme (De seguro no sabía que tomando la dirección correcta le sobraba un día para dar la vuelta al mundo), no se llegó a nada, algunos insultos nada raro.



Albert Camus (El Extranjero)

Poco después el patrón me hizo llamar, y en el primer momento me sentí molesto porque pensé
que iba a decirme que telefoneara menos y trabajara más. Pero no era nada de eso. Me declaró
que iba a hablarme de un proyecto todavía muy vago. Quería solamente tener mi opinión sobre el
asunto. Tenía la intención de instalar una oficina en París que trataría directamente en esa plaza
sus asuntos con las grandes compañías, y quería saber si estaría dispuesto a ir. Ello me permitiría
vivir en París y también viajar una parte del año. «Usted es joven y me parece que es una vida que
debe de gustarle.» Dije que sí, pero que en el fondo me era indiferente. Me preguntó entonces si
no me interesaba un cambio de vida. Respondí que nunca se cambia de vida, que en todo caso
todas valían igual y que la mía aquí no me disgustaba en absoluto. Se mostró descontento, me dijo
que siempre respondía con evasivas, que no tenía ambición y que eso era desastroso en los
negocios.
Volví a mi trabajo. Hubiera preferido no desagradarle, pero no veía razón para cambiar de vida.
Pensándolo bien, no me sentía desgraciado. Cuando era estudiante había tenido muchas
ambiciones de ese género. Pero cuando debí abandonar los estudios comprendí muy rápidamente
que no tenían importancia real.
María vino a buscarme por la tarde y me preguntó si quería casarme con ella. Dije que me era
indiferente y que podríamos hacerlo si lo quería. Entonces quiso saber si la amaba. Contesté como
ya lo había hecho otra vez: que no significaba nada, pero que sin duda no la amaba. «¿Por qué,
entonces, casarte conmigo?», dijo. Le expliqué que no tenía ninguna importancia y que si lo
deseaba podíamos casarnos. Por otra parte era ella quien lo pedía y yo me contentaba con decir
que sí. Observó entonces que el matrimonio era una cosa grave. Respondí: «No.» Calló un
momento y me miró en silencio. Luego volvió a hablar. Quería saber simplemente si habría
aceptado la misma proposición hecha por otra mujer a la que estuviera ligado de la misma manera.
Dije: «Naturalmente.» Se preguntó entonces a sí misma si me quería, y yo, yo no podía saber nada
sobre este punto. Tras otro momento de silencio murmuró que yo era extraño, que sin duda me
amaba por eso mismo, pero que quizá un día le repugnaría por las mismas razones. Como callara
sin tener nada que agregar, me tomó sonriente del brazo y declaró que quería casarse conmigo.
Respondí que lo haríamos cuando quisiera. Le hablé entonces de la proposición del patrón, y
María me dijo que le gustaría conocer París. Le dije que había vivido allí en otro tiempo y me
preguntó cómo era. Le dije: «Es sucio. Hay palomas y patios oscuros. La gente tiene la piel
blanca.»



Soy el idoneo, el idolo retrasado;
y asi, sobre un pie casi, reivindico mis derechos,
los de mi bestia, que me debe todo,
incluso el corazon, los de mi nariz
demasiado corta para ser pierna...
Este mundo es agil!
Tambien cojeo, a falta de otras cosas,
aunque podria hacerlo mucho mejor...
Jean-Pierre Duprey